25.11.09

Tony Curanaj_trampantojos












Trampantojo:

El Diccionario de la lengua de la Real Academia Española lo define así: "Ilusión, trampa, enredo o artificio con que se engaña a uno haciéndole ver lo que no es".

Es la castiza palabra española, equivalente a la francesa de uso universal, trompe l'oeil. Precisamente por su aceptación general el vocablo español se abre paso con dificultad, si bien últimamente ha recobrado vigencia, no cabe duda de que es un precioso vocablo.

Si el concepto tradicional de pintura (en el pasado, evidentemente) era el de figuración en una superficie de dos dimensiones del efecto espacial en su totalidad, acudiendo a las normas de la óptica y de la perspectiva, el trampantojo excede a esta intención, ya que busca la confusión del espectador, que en un momento dado toma por real lo que sencillamente está pintado. El propósito del pintor ha sido deliberadamente el de engañar y sorprender al espectador.

El mundo de la ilusión pertenece a la esencia de la pintura desde sus remotos tiempos, de suerte que es un ingrediente de su historia. Mientras que el ilusionismo reclama la ayuda de la imaginación, hasta el punto de constituir una "poética ilusión de la forma visible", el objetivo del trampantojo es engañar al propio ojo, mediante un duplicado de la realidad. La ilusión produce en el espectador la sensación de que se encuentra en otro sitio, en un espacio imaginario, que le invita a soñar. El trampantojo viene a ser un fragmento, un trozo fingido. El contemplador no modifica su situación en el ambiente; meramente es entrampado, por un objeto que él cree real y no es sino pintura. Algo así como un desafío de la pintura para que se admire su capacidad para engañar al sujeto.

El ilusionismo, pictórico y el trampantojo aparecen ya en los tiempos clásicos. Los pintores griegos practicaban el trampantojo; los romanos prefieren el ilusionismo espacial, adaptado al decoración de sus villas. El trampantojo es un elemento primordial en la historia del bodegón desde el siglo XVII; pero a la vez esta forma de ilusionismo se apodera de la decoración de muros; techos y bóvedas de los edificios barrocos.

Con el trampantojo se procura incrementar la realidad para que el contemplador no tenga sombra de duda, es decir, que no sospeche siquiera que está siendo embaucado. El ilusionismo pertenece tanto a la historia de la pintura como de la arquitectura, ya que los programas se trazan por lo común con la intención de modificar el espacio con la ayuda del pincel. Y aunque esta intención no conste al trazar el edificio, el resultado final con la llegada del fresco ilusionista es el de una modificación substancial del espacio.

El ilusionismo arquitectónico es algo que se añade a una realidad, que se hace más grandiosa, imaginativa y monumental. Puede decirse que agranda la arquitectura a la que se aplica. El trampantojo no escapa al propio objeto; se limita a sí mismo. El ilusionismo requiere la colaboración del espectador; es un premio a su imaginación. De ahí que para contemplar un fresco ilusionista, el espectador se mueve a placer, buscando conscientemente las huidas hacia lo imaginario que más le puedan satisfacer, sin que en ningún momento tenga la creencia de que está siendo engañado.

El trampantojo es un fenómeno visual, de imitación, una realidad redoblada. Viene a ser una relevo de la realidad. Lo habitual es que el trampantojo se ofrezca separadamente, con un marco o caja que haga creer al espectador que hay algo real encerrado.

Los ejemplos de trampantojos más remotos se deben a los griegos. Pero hay que acudir a las referencias literarias, dado que las pinturas no se han mantenido. Plinio el Viejo y Vitrubio hacen referencias a ello. Una muestra de ilusionismo y trampantojo ofrecía una escena de la tragedia de Esquilo pintada por Agatarco, donde una cortina hacía el principal papel. Desde este momento, la cortina quedó unida a la historia del fingimiento. Sabemos del racimo de uvas pintado por Zeuxis, de forma tan asemejada que los pájaros venían a picotearlo. Parrasios y Zeuxis entraron en competencia, para demostrar quien poseía mejores condiciones para engañar. De nuevo la cortina, pues Zeuxis tiró de la falsa cortina que parecía ocultar la obra pintada por Parrasios. Este quedó triunfador, pues Zeuxis había engañado a los pájaros, mientras que Parrasios le había engañado a él.

Maria Church

Tony Curanaj

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